El actual sistema educativo se caracteriza por las, muy conocidas, clases magistrales, donde los libros son las principales herramientas de trabajo diario en las aulas. Junto a ellos, el lápiz y la libreta los acompañan hasta final del curso, además de las tantas actividades y tareas que mandan para casa para estudiar de manera profunda la lección. ¡Y no te olvides de estudiar todos los cuadrados en amarillo del tema de ciencias naturales para el examen de mañana! Y empiecen a copiar los del tema siguiente que comenzamos después de realizar el control…
¿Les suena esto?
No estamos diciendo que los libros sean aburridos, todo lo contrario. El buen profesor emplea un libro y lo presenta como el mejor amigo que un niño pueda tener, bien sea un libro de matemáticas, como otro de aventuras. Si lo emplea adecuadamente, el aprendizaje que pueden sacar de ellos resultará muy diverso y profundo.
Pero, en la actualidad, en muchas clases lo que ocurre es que se utiliza el libro de texto como única herramienta junto a los cuadernos de actividades. Los niños están desmotivados y cansados de hacer tareas y más tareas, copiar temas enteros y memorizar una y otra vez contenidos que luego le preguntas ¿a qué hace referencia un demostrativo? Dímelo con tus palabras…. Y ya es cuando se quedan en blanco…
Los libros no deben ser el principal, y muchas veces, único recurso a emplear en las aulas. Podemos aprovechar las lecciones que en éstas se presentan para luego llevarlas a ese ámbito que a los niños tanto les apasiona: el juego.
Aprender puede ser muy divertido y motivador. Solo basta con cambiar la metodología que se emplea. Y hacer del aprendizaje un proceso activo donde aprovechamos las ganas que los chicos tienen para jugar mientras se adquieren nuevos conocimientos.
¿Qué tal si recreamos un supermercado en dónde trabajamos los números decimales a la hora de comprar? Como es lógico, no solo trabajamos estos contenidos, sino que vienen acompañados de otros conocimientos. Aprovechamos para trabajar las profesiones, los valores de organización, responsabilidad y trabajo en equipo, entre otros. Además de repasar los diferentes tipos de alimentos y considerar lo que es una dieta equilibra y saludable. Todo ajustándolo a los objetivos del curso donde estemos trabajando, obviamente.
Cuando enfocamos el aprendizaje desde una vertiente más activa y lúdica los niños aprenden y a la vez disfrutan de ello. Se fomentan y se trabajan valores junto a sus otros compañeros y como no, pasamos un buen momento todos, tanto profesores como alumnos.
Tamara Acosta Benítez
Psicopedagoga
