Respirar o no, es la frontera que nos separa entre la vida y la muerte. El acto involuntario y automático de respirar nos aporta el principal combustible para la vida, el oxígeno, que es trasportado por las células sanguíneas llegando así a todas las partes del cuerpo. El sistema respiratorio también se encarga de desechar el dióxido de carbono CO2 que el cuerpo ya no necesita. Por lo tanto se coge aire cargado de oxígeno que nos llena de vitalidad y se expulsa el aire sin oxígeno y cargado de dióxido de carbono. He aquí la importancia que tiene ser consciente de una respiración correcta en diferentes momentos del ajetreo diario para un buen funcionamiento tanto físico como mental.
El músculo más importante implicado en la respiración y en la que se basa la respiración sana es el diafragma. Este está situado en la parte baja de la cavidad torácica y es atravesado por varias estructuras importantes del cuerpo. Es esa zona que da una punzada cuando nos asustamos o tenemos momentos de tensión y por lo tanto es aquí donde se recibe la influencia tanto del estado de salud física como de nuestras emociones y actitudes. De ahí que sea imprescindible una correcta respiración diafragmática que estimule los órganos internos.
Uno de los efectos más adversos que tiene para nuestra salud un mal funcionamiento en la respiración diafragmática es la tensión innecesaria con la que muchos de nosotros cargamos nuestros músculos abdominales y órganos internos.
Muchas de estas tensiones son producto del estrés crónico, las emociones reprimidas y una excesiva negatividad. Esta contracción que se ejerce en el vientre opone resistencia a un movimiento correcto del diafragma y esta acción en sí misma puede inducir un estado emocional negativo.
El estado emocional está directamente relacionado con el ritmo e intensidad de la respiración. Se puede inducir una sensación de miedo e inquietud solo cambiando bruscamente la respiración. Es sencillo querido lector experimentarlo si quiere, veámoslo: respire rápido, corto y muy rápido, solo llene los pulmones un poco, manténgalo ese ritmo unos minutos ¿ nota como su corazón se acelera?. Ahora su cerebro está reconociendo esa activación como que hay peligro, por eso usted sentirá que le invaden pensamientos negativos y tendrá miedo. De esta manera funciona la tan temida ansiedad que nos desequilibra nuestro funcionamiento normal e interrumpe nuestra rutina sintiendo que nos persigue un león que no está, pero lo imaginamos.
Pues bien querido lector, igual que se puede inducir aceleración y miedo también se puede llegar a una sensación de relajación y bienestar, como bien comento arriba, siendo consciente del aire que llena nuestros pulmones. Siguiendo las siguientes pautas puede aprender a controlar la activación como un potente antídoto contra el estrés y la ansiedad:
- Elija un sitio tranquilo y tiéndase en el suelo sobre una alfombra. Colóquese con las piernas separadas y con la punta de los pies mirando ligeramente hacia fuera y los brazos a los lados del cuerpo sin tocarlo.
- Dirija su atención a la respiración. Coloque sus manos sobre su estómago. Inspire por la nariz, lentamente sin prisas, y expulse el aire lentamente por la boca.
- Debe notar que su estómago se eleva cuando toma aire y baja cada vez que lo suelta. Las personas en estado de nerviosismo tienden hacer respiraciones cortas y superficiales, como bien se explicó cuando inducimos miedo por las respiraciones cortas y continuas.
- Explore las zonas de tensión (ese nudo que se suele formar en la boca del estómago) y siga el ritmo profundo y pausado. Tómese su tiempo, respirar es gratis.
Recordar dedicarle al menos un ratito cada día, combínalo con actividades al aire libre y si puede ser en la montaña mejor para que el aire que respires te oxigene más y mejor, te llene de energía y te recargue “las pilas” que se nos agotan con el ejercicio de vivir.
Domingo Martín Déniz
Psicólogo Centro de Psicología Aquiles
www.psicologia-aquiles.es
