La autocrítica es el primer paso hacia el éxito en cualquier ámbito, personal, o profesional; no obstante, si tu grado de autoexigencia es excesivo, serás presa fácil de la ansiedad y de la frustración. Vamos a definir qué es la autoexigencia, en qué se manifiesta y, sobre todo, cómo puedes dejar de ser tan autoexigente.
Qué es la autoexigencia
La autoexigencia se define como un excesivo celo por dar siempre lo mejor de uno mismo, por lograr todas las metas, y por no cometer ni un solo error. Es una conducta propia de las personas perfeccionistas (y también de las más exitosas).
Como puedes suponer, ser autoexigente no es algo negativo en absoluto. De hecho, es una cualidad que te ayudará a cumplir muchos de los objetivos que te propongas en la vida. Sin autoexigencia, Ara Malikian no tocaría el violín como lo hace, o Rafa Nadal no sería el deportista que es hoy en día.
Sin embargo, puede que todos esos propósitos y expectativas que te hayas planteado estén algo alejados de la realidad o sean demasiado difíciles de alcanzar. Conseguir todos los objetivos que excedan la medida de lo razonable podría costarte muy caro, como veremos a continuación.
Cómo detectar que existe un problema de autoexigencia
Una persona que lleve la autoexigencia al límite:
- Será muy dura consigo misma, y llevará una disciplina extremadamente férrea.
- Se fustigará con críticas más negativas que constructivas.
- Concebirá los retos como obligaciones, magnificando su importancia natural.
- Evidenciará una falta de autoconocimiento sobre sus propios límites.
- Será incapaz de delegar tareas en otros, y lo querrá hacer todo ella misma.
- Temerá al fracaso mucho más de lo que querrá admitir.
- Necesitará ser reconocida por todo lo que haga.
- Supeditará el concepto de sí misma a los resultados que obtenga.
- Obviará el sufrimiento que le ocasione la consecución de sus metas.
¿Y cuáles serán las manifestaciones psicológicas? Un elevado nivel de ansiedad, que le acompañará constantemente e, incluso, un posible síndrome del impostor, que le haga creer que todos sus éxitos han sido fruto de la casualidad o del demérito de otros.
Control de la autoexigencia
Aprender cuándo una retirada a tiempo es una victoria
Rara vez una persona exigente consigo misma caerá en la autocomplacencia, así que será preciso desandar el camino sin miedo a convertirse en todo lo contrario a lo que eres. Esto te ayudará a entender que hay aspectos por los que no merece la pena pagar un precio tan alto.
Practicar la asertividad
Para controlar la autoexigencia, tendrás que aprender a decir NO; no a pelear contra lo que no puedas cambiar, y no a castigarte si no lo logras.
Reforzar la autoestima
No eres perfecta: eres TÚ, con todas tus características. Si te cuesta asimilar esta afirmación tan rotunda, es probable que necesites la ayuda de un psicólogo profesional, que te guíe en el proceso de reconciliarte contigo misma.
Cuando la autoexigencia es moderada y razonable, las personas podemos abandonar fácilmente nuestra zona de confort y pelear con constancia por aquello que deseamos. Una autoexigencia fuera de control puede acabar desencadenando problemas de autoestima, y ocultar puntos clave de la personalidad, como temores irracionales o no saber manejar la frustración.
