La rumiación mental se está convirtiendo en algo normal y no debería ser así. Tener la mente en calma es tener el alma en paz. Cuando uno no para de rumiar o rallarse mentalmente sobre lo que sea nos daña emocional y físicamente: dejas de dormir, te duele la cabeza, te contracturas por la tensión física que producen las emociones, es un sin vivir.
No parar de darle vueltas al mismo asunto, adelantarse a los acontecimientos, ver el desastre por doquier. ¡¡¡QUE ESTRÉS!!!
El problema incluso es que muchas veces no somos conscientes de que le estamos dando vueltas a la mente. Has normalizado tanto el hecho de tener la mente ocupada con un pensamiento y andar estresado todo el día que no recuerdas el beneficio de estar en paz.
Pensar tanto, la mayoría, por no decir todas las ocasiones, no va a solucionar nada, seguramente incluso lo puede empeorar.
Ojalá que nuestros problemas se resolvieran por darle vueltas al mismo pensamiento mil veces. Lo que ocurre es que tus hormonas del estrés se ponen a hacer fiesta, aumenta tus niveles de ansiedad y tu dopamina baja. Te sientes cansado, agotado, desanimado, sin energía y encima con ansiedad.
Pensar tanto bloquea, te limita a la hora de ver las opciones que puede tener una decisión y aparece el miedo.
¿Y si lo que pienso es cierto? Te dice una vocecilla.
La realidad es que solo el 1% de todos los pensamientos catastróficos que vas a tener a lo largo de tu vida tienen probabilidad de cumplirse. Seguramente terminarás antes tocándote la lotería a que ese pensamiento rallante se haga realidad.
Y oye que si se hace realidad tampoco pasa nada, recuerda que pensar demasiado no evita nada, solo empeora, así que si el hecho se consagra hay que aprender a sacar del saco de herramientas aquellas que me puedan resultar útiles en este momento para hacer frente a la situación.
No podemos evitar las desavenencias de la vida, todos vamos a vivir momentos desagradables, pero son tan necesarios para conectar con nuestro interior que si no existieran no valoraríamos la existencia de la felicidad. Piénsalo.
¿Qué pasa cuando le doy vueltas al coco?
Pues que tus pensamientos van a determinar en gran medida cómo te sientes y cómo va a ser tu próximo comportamiento.
Si pienso mal, siento mal y me comportamiento va a ir a mal. Por ejemplo, “A nadie le intereso” pues me siento hecho una porquería, ansiedad, desmotivación, angustia y ¿qué hago? Pues paso de relacionarme, de salir, de prepararme, voy dejando de lado mis necesidades.
¿Te fijas de la gravedad del asunto?
Porque estoy segura de que a los momentos chachis no le vas a dar tanta caña en tu cabeza. No te los vas a repetir hasta la saciedad de manera que salga humo por tus orejillas. Tal vez lo piensas un rato y ya.
Pero los momentos chungos, nos damos caña, así que necesitas aprender a reprogramar tu cabeza.
¿Cómo son los pensamientos?
Pues hay pensamientos de todos los colores.
- Pensamientos positivos y optimistas: te van a ayudar a superarte, a seguir a delante, a animarte, a sentirte en calma, en paz, feliz.
- Pensamientos negativos y pesimistas: se adelanta al futuro desastroso, se engancha a las desgracias pasadas y las revive.
- Pensamientos obsesivos: son intrusivos, pesados, machacantes, aparecen una y otra vez, son rallantes de verdad, y traen mucha carga de ansiedad y miedos. Lo peor que pueden venir acompañados de compulsiones o rituales como pueden ser comprobaciones, acciones repetitivas, movimientos repetitivos…
¿Cuándo el pensamiento es dañino?
La cuestión es ¿esto que estoy pensando me está ayudando en algo? Vamos a tener claro algunos puntos:
- Si el pensamiento solo me está generando emociones desagradables y éstas se vuelven cada vez más fuertes, es dañino.
- Si el pensamiento es tan repetitivo que me limita en las acciones de mi día a día, es dañino
- Si el pensamiento me lleva a comportamientos poco saludables, es dañino
- Si el pensamiento me lleva a descuidar mis necesidades, es dañino.
- Si el pensamiento me bloquea y me paraliza y me vuelve una persona insegura y afecta a mi autoestima, es dañino.
- Si el pensamiento no me permite dormir o comer, es dañino
- Si el pensamiento hace que me encierre en casa, es dañino.
Por eso es importante ser consciente de los efectos que esos pensamientos están teniendo en mi y aprender herramientas para reprogramar, reestrucutrar y aprender a vivir con más calma.
En caso de no poder solo con todo ello, siempre puedes acudir a terapia psicológica y así evitar que estos pensamientos te dominen y afecten a tu salud física y mental.
