Nunca antes la realidad había estado tan distorsionada. Vivimos en una sociedad donde es más importante cuántos amigos virtuales tenemos, que aquellos que podemos realmente abrazar y besar.
Maquillamos, mejoramos, disfrazamos nuestro día a día para simplemente aparentar que es perfecto, llegando a etiquetar, juzgar y mal mirar a todas las personas que no lo hacen o simplemente muestran la “cara más amarga” de su día a día.
Aparentamos ser felices 100% las 24 horas del día de los 365 días del año, la cuestión es
¿De verdad te crees que esa es la realidad? ¿Tu realidad?
Se nos vende desde la televisión, la radio, la publicidad en general, que solo debemos dar paso y centrarnos en las emociones catalogadas como positivas, y yo me pregunto ¿No nos estamos SOBREhumanizando?
Me preocupa seriamente la repudia y el miedo que tenemos a esas emociones tan necesarias para la supervivencia, que simplemente no nos han enseñado a detectar, nombrar y usar adecuadamente, ya sea por falta de una educación emocional desde la infancia o simplemente por el hecho de creer que las podemos suprimir a base de fotos con sonrisas o vídeos donde parecemos que no tenemos ni una pizca de emoción «negativa».
No estoy diciendo que esas fotos, esos vídeos o esos juegos estén mal, simplemente que no tenemos que menospreciar a la otra gama emocional que existe de manera instintiva en nosotros.
No existen emociones buenas ni malas, ni emociones positivas ni negativas, todas y cada una de ellas son fundamentales, y entender cómo nuestro cerebro y nuestro cuerpo generan cada una de ellas es fundamental para poder comprenderlas y actuar de manera adecuada.
Saber que la gran parte de nuestro estrés proviene de los pensamientos irracionales que nos generamos, que esa ansiedad desmesurada tal vez nos esté alertando de que algo no va bien, o que simplemente no eres asertivo contigo mismo y te has olvidado de mirar por tus necesidades, o simplemente que debes cuidarte a base de una buena alimentación sana y real y a través del movimiento pasando menos tiempo sentado o acostado.
Aprender a normalizar esas emociones y no asustarnos o no centrarnos únicamente en los síntomas que produce, si no en su causa, cuál es la raíz del problema, qué es lo que me ha provocado esta emoción, nos ayudará a entender, comprender, renombrar y mejorar nuestras estrategias cognitivas y emocionales para solucionarlas.
No pasa nada si lloras, si un día estas triste, enfadado o estresado, ahora vamos a intentar no ocultar esos estados como si no existieran y así evitar que perduren más de lo necesario.
Hay que ponerle nombre a lo que nos pasa y eso no es “Estoy bien o estoy mal” porque ¿Qué es estar bien o estar mal? ¿Qué emociones engloba?
Una vez nombradas correctamente, podremos observar si algo de lo que hice o pensé lo desembocó, o si algo de lo que estoy haciendo o pensando lo empeora, y ver si no me sirve de utilidad estas estrategias de pensamiento y acciones qué otras puedo llevar a cabo para solucionarlo y si no se me ocurre la manera de hacerlo, saber que siempre puedo acudir a un profesional de la psicología para que me ayude a entrenar mi mente adecuadamente.
No te atiborres siempre a pastillas que no van a solucionar la raíz de tu problema, no pasa nada por ir al psicólogo, somos buena gente, enserio, y no estamos ni para juzgarte, ni criticarte, solo para acompañarte en este camino, hacerte ver todos los recursos que posees, enseñarte otros nuevos y siempre alumbrarte el mejor sendero a escoger.
Deja de sobrehumanizarte, desconéctate de las redes y vive realmente la realidad de la vida, contacta con la naturaleza que te rodea, no olvides que ante todo eres un ser vivo de este planeta, aléjate o pon límite a las personas tóxicas, desin toxícate de todo aquello que te perjudica tanto en el ámbito alimentario, en la actividad física y también en la mental.
