


Desde pequeños nos han enseñado en el colegio, en casa, en las películas que nuestro cuerpo tiene 5 sentidos: el gusto, el tacto, la vista, el oído y el olfato. Gracias a ellos nos orientamos y nos permite sobrevivir evitando consumir por ejemplo alimentos en mal estado.
Hay personas que carecen de alguno o vario de los sentidos, por ejemplo a raíz de una enfermedad o discapacidad. Esto hace que dichas personas se suelan especializar en los sentidos restantes, por ejemplo aumentando mucho el sentido del tacto en las personas que tienen ceguera.
Durante los últimos años, la industria cinematográfica nos ha contaminado de la creencia de que sería genial tener un sexto sentido, orientado en la gran parte de estas películas al sentido de la telepatía, la visión de cosas que otros no ven, como los espíritus, pareciéndonos muy fantasioso e incluso imposible, pero la realidad es que todos tenemos un sexto sentido del que poco nos han hablado y que nada tiene que ver con los del cine y se llama Propiocepción.
El propioceptor es el receptor sensorial de la sensibilidad interna o lo que es lo mismo de la propiocepción. Son sensaciones que genera el propio cuerpo a través de los músculos, tendones, articulaciones, etc, permitiéndonos el tono muscular y el tono vascular, tener la sensación de la posición o postura corporal, del movimiento, las sensaciones de órganos.
Este sentido es fundamental para movernos como queremos y mantener la postura que queramos pudiéndola detectar o reconocer en todo momento incluso con los ojos cerrados. Sin este sentido no podríamos mover siquiera los dedos de la mano, o llevarnos la cuchar a la boca cuando comemos. Nos permite coordinar nuestros movimientos o mantener el equilibrio. Todos los receptores que recogen la información de luz, temperatura, postura, etc están repartidos a lo largo de todo nuestro organismo en forma de neuronas que están en el sistema visual, auditivo, vestibular, articulaciones.
¿Te imaginas un mundo donde no puedas controlar tus movimientos y postura corporal? Existen casos de personas que han perdido este sentido fundamental para la supervivencia, lo cual les lleva a saber que tienen cuerpo pero no sentirlo. Muchos lo han perdido parcialmente sólo en algunas partes del cuerpo, pero otras personas lo han perdido completamente, lo que requiere una gran rehabilitación y un gran cuidado por parte de la propia persona y los demás para evitar accidentes o lesiones importantes. Tienen que aprender a volver a manejar todos los músculos desde la cara hasta los pies, observando constantemente cada movimiento que hacen para llevarlos al sitio correcto, sin el sentido de la vista les sería imposible moverse, pues no sabrían a donde se ha movido el brazo que intentaban mover por ejemplo.
Además, es importante trabajar la propiocepción en la recuperación de cualquier lesión músculo-esquelética (desde una pequeña lesión muscular hasta una fractura grave), ya sea para conseguir una recuperación óptima como para evitar futuras recaídas.
Sobre todo en las personas que realizan algún deporte es recomendable incluir ejercicios de propiocepción en la rutina de entrenamiento como prevención de cierto tipo de lesiones articulares y musculares, por ejemplo ejercicios en superficies inestables o con ojos cerrados, utilizar superficies de apoyo irregulares, etc.