


¿Te has parado a pensar que la gran mayoría de tus actos están determinados por tus expectativas de conseguirlas y por las expectativas de los demás? Muchas veces dejamos de conseguir nuestras metas y objetivos por el mero hecho de imaginarnos o repetirnos hasta la saciedad de que no somos capaces, no podemos o que simplemente es una ilusión que se nos hace grande.
Otras veces tenemos a esa persona que no para de recordarnos que tenemos que aprender a vivir con los pies en la tierra, dejarnos de fantasías, que no tenemos tantas capacidades como creemos y lo peor de todo empiezan a etiquetarnos: «eres mal estudiante» «no das un palo al agua» «es muy tímido» «eres gandul»… Etiquetas que rebotan una y otra vez en nuestro cerebro haciendo que con tanta insistencia alguna atraviese ese caparazón de la susceptibilidad y terminemos por creérnoslas.
El Efecto Pigmalión consiste en eso mismo, cómo la creencia que tiene una persona puede influir en el rendimiento de otra persona o de la propia persona en sí (profecía autocumplida), afectándole en todos los ámbitos de su vida. Esto determinará en gran medida nuestra autoestima dependiendo si alcanzamos o no ese objetivo o meta establecida.
El Efecto Pigmalión tiene su origen mitológico en la antigua Grecia, donde Pigmalión se enamoró de una de sus esculturas Galatea hasta el tal punto que la llegaba a tratar como si fuera una mujer de carne y hueso. La historia mitológica habla de que Galatea cobró vida logrando las expectativas del escultor de tanto desearlo.
Sabiendo el efecto que nuestras propias palabras pueden tener sobre nosotros mismos y los demás es de especial interés que todos los profesionales tengan en cuenta el efecto que sus palabras o expectativas sobre alumnos, pacientes o clientes, pues determinarán en cierta medida el logro o el fracaso de dichas metas, afectándoles directamente en su autoestima o autoconcepto. Si repetimos por ejemplo constantemente a un alumno «eres mal estudiante» «eres torpe» «nunca te aplicas lo suficiente» destacando sobre todo sus aspectos negativos dicho alumno crecerá alrededor de esas etiquetas influenciándole también en su comportamiento, al igual que al alumno que le repetimos lo aplicado, inteligente y responsable que es tenderá a actuar en cierta medida de esa forma para seguir obteniendo ese reconocimiento.
¡Qué importantes son nuestras palabras y creencias y qué poco las ejercitamos para que sean lo más positivas y alentadoras posible!
Te propongo que actúes sobre tu manera de creer y de pensar, que transformes ese vocabulario negativo por el positivo, que dejes de creer en ¡no puedo! y decirte todo lo que vales, porque recuerda que tú eres único e irrepetible en esta vida y por tanto lo vales todo.