


Cuando hablamos de terapia psicológica normalmente lo relacionamos a una terapia individual para aquellas personas que sufren depresión, ansiedad u otros trastornos y son pocas veces en las que relacionamos la terapia psicológica con la pareja.
La terapia de pareja puede llegar a ser un proceso muy enriquecedor tanto para la pareja como la persona a nivel individual. Es un proceso de crecimiento, maduración y aprendizaje para aprender herramientas que nos permitan tomar más autoconciencia y generar esos cambios que necesitamos para que la relación camine en armonía.
Además, no hace falta que sea terapia presencial, la terapia psicológica online también es posible sobre todo para aquellas personas o parejas que les resulta difícil trasladarse a la consulta.
Pero, antes de acudir a terapia de pareja, hay que tener en cuenta ciertos factores, pues muchas parejas vienen con la idea de que el profesional de la psicología les de la razón a uno de ellos y ver quién gana el pulso, o consideran que es un espacio para echarse cosas en cara y señalarse con el dedo.
La terapia de pareja va mucho más allá y hay ciertos límites que como terapeutas tenemos que poner en consulta.
La vida en pareja ha cambiado mucho en las últimas décadas, donde la mujer todavía se le consideraba inferior y prácticamente todas las tareas del hogar iban referidas a la mujer.
Hace años, la palabra homosexualidad estaba prohibida y además si te casabas era para «toda la vida», independientemente de la calidad de la relación.
Todo esto lleva a que muchas parejas hayan aprendido un concepto pobre y erróneo de lo que es el amor, el compromiso y la vida en pareja, dando lugar a conflictos de pareja.
Solo en el año 2019 según el informe Nulidades, Separaciones y Divorcios que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE). , en 2019 hubo 91.645 divorcios, una cifra bastante alta.
La terapia de pareja puede ayudar a muchas parejas a evitar ese divorcio, sobre todo si ambas partes están comprometidas en trabajar para ello y acudir a terapia con antelación y no cuando la relación pende de un hilo muy finito.
En consulta nos encontramos a parejas que:
Son tantos aspectos a tener en cuenta el terapeuta que es muy importante que la pareja tenga claro un objetivo común que quieran trabajar en consulta y que ambas personas quieran ir a consulta de manera voluntaria sin sentirse presionada, no podemos tratar un problema de pareja si sólo está presente una parte de la relación.
Hay determinadas señales que nos pueden indicar que puede ser un momento idóneo para acudir a terapia de pareja, como pueden ser:
1. Falta de comunicación, lo cual hace que la pareja no pueda llegar a un acuerdo sobre los temas que les preocupa, o juegan a adivinar lo que la otra persona necesita. La escasa comunicación es un factor que lleva a múltiples las discusiones sobre todo si se trata de una comunicación negativa, con insultos constantes, desvaloraciones y faltas de respeto.
2. Problemas sexuales ya sea de manera individual o de ambas partes que afecta a la intimidad sexual de la relación. Esto unido a la poca comunicación favorece que el problema se mantenga. Es importante descartar disfunciones sexuales que puedan interferir en la sexualidad de la pareja.
3. Problemas de celos que rompen con la confianza y estabilidad de la pareja, pilares fundamentales en la relación. Habría que trabajar con los pensamientos y sesgos cognitivos que tiene la persona.
4. Poca tiempo de calidad juntos: bien porque hemos entrado en la rutina, porque le dedicamos mucho más tiempo a otras actividades como puede ser el trabajo y eso hace que casi no nos veamos, o sentimos que solo uno de los miembros de la pareja es el que tira de la relación para hacer algo juntos.
5. Crisis o problemas puntuales como puede ser un duelo, la pérdida de trabajo, una enfermedad, que desestabiliza la relación. Tenemos que aprender como afrontar juntos esta nueva circunstancia.
6. Poca afectividad, no hay muestras de amor ni cariño, ya sean en forma de palabra, gestos. El intercambio de afectos positivos y estímulos agradables favorecerá la reciprocidad positiva.
7. Creencias erróneas de cómo creo que tienen o deben ser las relaciones de pareja, en particular mi relación de pareja. Si juego al yo tengo razón y caigo en esas normas rígidas, empezaré a comparar mi relación con otras parejas y solo visualizaré las conductas o gestos negativos de la otra persona y no percibiré lo positivo.