


Uno de los momentos que más puedo disfrutar es sentarme tranquilamente sola o acompañada a tomarme un café, disfrutar de una terraza, del aire fresco, profundizar en el sonido de la ciudad, pero últimamente en lo que más me fijo es que la gente disfruta menos de su café o refresco, pareciendo que sólo van a una cafetería a sentarse “relajadamente” a estar con el móvil.
Puedes encontrar que incluso aunque vayan acompañados, miran tropecientas mil veces su móvil, o simplemente no lo sueltan, si el camarero u otras personas les hablan ya no tienen la cortesía de mirarles a los ojos, y los demás nos tenemos que conformar que ya no nos miremos a la cara para hablar.
La adicción a las nuevas tecnologías. Esa necesidad constante de mirar el correo cada cinco segundos, si alguien ha escrito o no un mensaje o whassapp, si hay actualizaciones en sus redes sociales, y vuelta a empezar desde el principio.
A veces simplemente mirar el móvil se ha vuelto en una compulsión, y es que nos hemos vuelto un poco TOC (Obesivos compulsivos) con estas tecnologías. Miramos el móvil por mirar o por control, y si escribimos a alguien aunque, no suene la señal de nuevo mensaje, llegamos hasta controlar las horas de conexión, si no están escribiendo o no, si han actualizado sus fotos, su perfil e incluso ahora tenemos un doble check para saber “SI NOS HAN LEÍDO”.
Cada vez nosotros mismos nos espiamos, nos controlamos con más frecuencia, sin que parezca importarnos, subimos nuestras intimidades al mundo, no existen los secretos y casi tampoco las sorpresas por esa necesidad obsesiva muchas veces de estar actualizados en nuestras redes.
Cuánto disfruto yo de mi café, te propongo que hagas lo mismo, que desconectes o pongas en silencio esa parte teconológica que llevas dentro y realmente saborees lo que está más allá de tus dedos. Disfruta del paisaje y sus sonidos, de la variedad y la novedad y notarás que tu cuerpo y mente volverán a conectar. Relájate, siente, vive y sobre todo sigue siendo feliz.