


Empiezan a subir las temperaturas, los días van alargándose y cada vez llevamos menos ropa. Se acerca el verano, los pantalones cortos, los tirantes, los bikinis y bañadores…, ¡y no solo eso! Sino que también la mejoría del tiempo invita a salir de tapas y/o cañas, helados, refrescos… “a tomar algo” un día detrás de otro.
“¡Madre mía! Me sobra un kilo de aquí, otro de allí. Esta Navidad me he pasado y, encima, las pascuas se han retrasado y aún llevo la mona y las torrijas apretando mis pantalones. En unos días me estaré yendo a mi zona de veraneo y empezará la época de playa y piscina, y yo sin parar de comer y engordar. ¡Qué vergüenza que me vean con bikini!”
¿Alguien se ha sentido identificado/a? Estamos en pleno arranque de “LA OPERACIÓN BIKINI”, pero… ¿sabemos realmente lo que eso significa?
Tenemos la mala costumbre de creer que una buena nutrición se limita a vigilar durante algunos meses la cesta de la compra y echar un poco menos de sal en la olla de vez en cuando para retener menos líquidos y, consecuentemente, que la báscula marque números más bajos.
Teniendo en cuenta los actuales índices de obesidad en nuestro país, parece que los hábitos de vida actuales, pese a las numerosas dietas de moda y recomendaciones mágicas que, esta temporada más que nunca, se ponen de auge en redes sociales y demás medios, no son las adecuadas.
Empezando por el principio, el propio término “operación bikini” pone el centro de atención en la estética… ¡pero cuidado! El sobrepeso y la obesidad son problemas de salud, no solo de estética.
Es por ello por lo que nuestra atención debe estar enfocada en llevar a cabo un cambio de hábitos, no solo para estas semanas previas al verano, sino para mantener nuestra salud a largo plazo.
No podemos pretender corregir todo lo que hemos hecho mal durante el año, en unas pocas semanas, para volver a hacerlo mal cuando se termine la época estival. La operación bikini está basada en la realización de dietas muy restrictivas que, en lugar de educarnos en cuanto a alimentación se refiere, nos inculcan falsos mitos y creencias que, en lugar de beneficiarnos, solo hacen que empeorar nuestra salud e incluso, nos buscan problemas de salud tan graves que luego terminan quedándose con nosotros para siempre, no solo durante el verano.
Tampoco podemos pretender vivir durante muchos años, sino mejorar nuestra calidad de vida actual que, a su vez, es siempre un punto a favor para disfrutar de una vejez más larga, sana y feliz.
Por tanto, buenas noticias: ¡No tenemos que hacer operación bikini! Tan solo tenemos que CAMBIAR DE HÁBITOS para cambiar nuestra salud. Los resultados de este cambio de hábitos, llevado a cabo de manera paulatina, no se notarán de un día para otro, sino que seremos nosotros, quienes a través del asesoramiento del correspondiente profesional (un dietista-nutricionista) como los que puedes encontrar en la cadena saludable formada por dietistas-nutricionistas expertos, prestemos atención al cambio de patrones que vamos a ir incorporando en nuestra alimentación y que, a la larga, tendrá como consecuencia una transformación física y mental que, al contrario que sucede con las estrictas dietas esporádicas, perdurará en el tiempo.
El primer paso para el cambio, es cambiar nuestra forma de mirarnos, pues se trata de QUERERNOS tal cual somos, y no querer cambar sino MEJORAR. Por ello, es imprescindible el trabajo conjunto entre nutricionistas y psicólogos, ya que no se trata sólo de un cambio estético, sino un cambio de salud, y la salud significa bienestar físico, mental y social.
El segundo paso es llevar una alimentación saludable, lo que significa que nuestra alimentación esté basada en COMIDA REAL, es decir, que la base de nuestra alimentación sean frutas y verduras.
No tenemos que olvidarnos de descansar bien, salir con nuestros amigos y familiares a comer, tomar algo o cenar, siempre conscientes de nuestras elecciones. Tampoco de la actividad física, que es imprescindible y, nos dejamos para lo último, pero no por ello lo menos importante, DISFRUTAR. Disfrutar del verano, de la vida, de nuestros amigos y familiares y, sobre todas las cosas, de nosotros mismos, que debemos ser los más importantes para cada uno de nosotros.