

La aparición de problemas es un hecho constante que pone a prueba la confianza en uno mismo durante toda la vida. Antes o después, todas las personas tendrán que posicionarse frente a ellos. Sin embargo, el miedo aparece porque el cerebro proyecta las consecuencias de dichos problemas; tal situación puede minar la seguridad en uno mismo, sintiendo que no va a dar a la talla para superar unos problemas cuyas consecuencias no desea afrontar.
El miedo influye directamente sobre la autoestima. La mayoría de los miedos tienen una componente irracional, pero también se puede sentir miedo por culpa de experiencias pasadas que hayan causado algún daño: costará vencer el miedo a alguna situación del presente si existen patrones similares con alguna situación pasada.
En cualquier caso, el miedo desencadena inseguridad: al verse expuesto a situaciones desagradables, aparece el miedo a las consecuencias de dichas situaciones y se pone en duda la capacidad para superarlas. Por lo tanto, el miedo al fracaso impide confiar en uno mismo, y puede llevar a las personas a instalarse en una zona de confort, en la que, como no hay riesgos, no hay fracasos, achatando y limitando la vida de sus inquilinos.
Una célebre cita de la estrella del baloncesto Michael Jordan da con la clave sobre cómo tener confianza en uno mismo: «He fracasado una y otra vez en mi vida, y por ello he tenido éxito«. Es importante ver el fracaso como un maestro, y no como un verdugo. Se aprenderá mucho más intentándolo y fracasando, que directamente no intentándolo.
Si se tiene miedo a hacer algo, la forma de vencerlo es hacerlo a pesar del miedo y dar el primer paso, en vez de esperar a no tener miedo: sin embargo, a medida que se camina a través de las situaciones y se van cumpliendo pequeñas metas, el miedo va perdiendo peso.
No todas las experiencias pasadas encerrarán dolor: también habrá logros para rememorar. Destacar las cualidades personales de las que hubo que hacer gala para alcanzar el éxito en aquellos hitos contribuirá a mejorar la confianza en uno mismo.
La relación que llevemos con nosotros mismos será clave para que nuestro amor propio sea equilibrado y sano. Para quererse bien, es importante buscar tiempos y espacios para establecer diálogos interiores que fomenten conocimiento y perdón.
Pasar a la acción y tomar las riendas de la propia vida mediante decisiones es la suma de todos los puntos anteriores. De esta manera, se adquiere también madurez para asumir las consecuencias de los actos.
Todos estos puntos son consejos generales, pero cada caso es totalmente particular: recomendamos que se recurra a ayuda psicológica profesional para aterrizarlos, ya que la autoestima y la seguridad en uno mismo son elementos fundamentales para una vida emocional equilibrada.